sábado, 23 de mayo de 2026

A nuestras fiestas de Moros Roberto Valero, festero veterano

 


…le dan brillo y aureola, los sugestivos tesoros de la mujer española. Derrochando los fulgores de su embrujo femenino son como ramos de flores del jardín alicantino. 

Siguen habiendo cosas para pulir y mejorar, pero habían muchas ganas y el personal ha estado por la diversión y han gustado a todo el mundo, nunca han sido tan brillantes y participativas. 

Enhorabuena a todos los festeros. 

Los defectos, cuando los hay, son solo cosa nuestra, hay que seguir manteniendo el listón muy alto, sin dejarse llevar por la rutina o la inercia, hay que seguir trabajando para engrandecerla, con savia nueva sin olvidar el tarro de las esencias que son los mayores. 

Sabes que debes transmitir todo esto a tus nietos para que algún día, sin siquiera pensar, automáticamente, tu fiesta sea la suya. 

Equilibrio entre tradición e innovación, asentamiento de los actos más jóvenes para que maduren. No se debe tener miedo a cambiar y si sale mal, recular e intentarlo otra vez, solo paramos para coger impulso. La fiesta es y está en la calle. 

Sales de tu casa con tu traje y ya eres feliz, te emocionas a cada paso, es parte de tu vida. No es solo una fiesta, es La Fiesta que aglutina recuerdos, alegrías y tristezas, esperanza por disfrutar de otras y estrujarlas hasta la última gota de ese néctar alimento que nos prepara para la siguiente. 

Cierto que cada año son diferentes y el que dice lo contrario no las sienten les quedan fuera en la epidermis, no penetra, simplemente la fagocitan como si fuera un bien de consumo del que aprovecharse para su autocomplacencia y su ego. 

La fiesta es compartir, es mirar, que no ver, aspirar los olores de la felicidad que nos rodea, escuchar los ruidos del la pólvora y la música festera. 

Es la broma y el desenfado a veces irrespetuoso, pero también la seriedad y disciplina de la guerrilla, el murmullo de los zapatos acariciando el suelo en los desfiles, almorzar en cualquier cuartelillo amigo un trozo de gachamiga o tortitas a la pala y un huevo frito que te sabe especial, como nunca, a fiesta, a charla con amigos, a camaradería. 

En los desfiles te trasformas, quieres disfrutar y que disfruten los que miran. 

El orgullo del grupo uniforme y unido, el placer de escuchar esa música especial y exclusiva, el movimiento acompasado de los cuerpos y sentirte protagonista del espectáculo coral que se interpreta en el escenario teatral de todo un pueblo. que tiene un acto especial, la entrada de bandas y la interpretación de nuestro pasodoble “Petrer” saliendo de miles de gargantas rasgadas de emoción con saltos de alegría que nos anuncian que estamos en moros.

San Bonifacio es nuestro amigo, que todo lo aguanta por amor y cariño hacía nosotros, es nuestro guía, el que vela por que la Fiesta salga y sea única cada año, su mirada apacible y comprensiva con su espada de autoridad y su palma de paz. 

Nuestras fiestas son como las cantamos

…su hospitalidad,

el amor de sus mujeres y su fe, 

sus encantos y bellezas sin igual, 

es un canto de hermandad

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