Con la preceptiva asamblea de aprobación de la memoria y el presupuesto para 2026, la Unión de Festejos San Bonifacio Mártir inicia una nueva etapa que merece ser entendida como una oportunidad estratégica para fortalecer la entidad y garantizar su futuro.
Este momento es especialmente adecuado para empezar a construir un fondo de reserva económica que permita a la Unión afrontar proyectos de mayor calado, responder con solvencia a imprevistos y reforzar su papel como eje vertebrador de la fiesta. Una Unión de Festejos económicamente sólida es, sin duda, un seguro colectivo para las comparsas y para el conjunto de festeros y festeras.
No he tenido ocasión de conocer en detalle el presupuesto de 2026, pero sí quiero trasladar una reflexión sencilla y razonable: una parte significativa de las cuotas que aportan los festeros debería destinarse de forma estable a la creación de ese fondo de reserva. Es una medida de responsabilidad y de visión a medio y largo plazo.
Todos somos conscientes de que en la fiesta asumimos, año tras año, gastos superfluos o coyunturales. En ese contexto, una revisión al alza de las cuotas de las comparsas que tenga como beneficiaria directa a la Unión de Festejos no debería verse como una carga, sino como una inversión en estabilidad, autonomía y futuro.
Este tipo de decisiones, que requieren liderazgo y consenso, son más fáciles de abordar al inicio de una nueva etapa, como la que ahora comienza con Francisco Cerdá y su junta directiva. Tomarlas ahora permitiría sentar unas bases sólidas que den continuidad y fortaleza al modelo festero que hemos heredado y que estamos obligados a mejorar.
La fiesta necesita ilusión, pero también gestión, previsión y responsabilidad. Apostar por una Unión de Festejos fuerte es apostar por el futuro de todas las comparsas y de la propia fiesta.

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