sábado, 3 de enero de 2026

Desde la terraza del museo

 



Una ciudad saludable es posible

Una ciudad saludable no es una utopía, es un objetivo alcanzable. 

En torno a esta idea se están celebrando numerosas reuniones en las que participan actores sociales, responsables políticos, técnicos y personas comprometidas con la mejora del entorno urbano y social. 

Todos ellos trabajan, desde distintos ámbitos, para avanzar hacia un modelo de ciudad más habitable y humana.

Los técnicos de urbanismo reconocen que se han hecho avances importantes, y es justo señalarlo. Sin embargo, muchas de esas actuaciones requieren una actualización urgente. 

El paso del tiempo ha provocado que numerosas aceras accesibles presenten desniveles, adaptaciones improvisadas para accesos de vehículos o soluciones que hoy resultan inseguras para quienes nos desplazamos con medios mecánicos.

En el ámbito comercial y de la restauración, en muchos casos la accesibilidad se plantea únicamente para cumplir con el expediente de apertura. El resultado debería someterse a una prueba real, invitando a ONG y colectivos vinculados con la discapacidad, para comprobar si las soluciones adoptadas funcionan en la práctica.

Resulta frustrante llegar a un establecimiento y no poder acceder por la altura de un bordillo cuando la solución es sencilla y solo requiere un mínimo de sensibilidad.

El servicio urbano de movilidad es accesible en su concepción, pero su organización es claramente deficiente. 

Existe un temor a publicitar horarios estables que permitan familiarizar al usuario con el servicio, por miedo a no cumplirlos. 
Acudir a una parada que aún no está plenamente operativa o que será adecuada en el futuro supone una pérdida de tiempo innecesaria.

En el ámbito sanitario, la inestabilidad profesional de excelentes trabajadores del sistema público genera preocupación, retrasos en la atención y un creciente malestar, agravado por la derivación forzada hacia la sanidad privada.

La soledad, la prevención de caídas, la movilidad de personas que residen en edificios inaccesibles y las dificultades familiares son atendidas por los servicios sociales con el apoyo imprescindible de las ONG. 

La mejora constante de la ciencia alarga la esperanza de vida, lo que obliga a los municipios a reforzar el control, la atención y los servicios destinados a una población cada vez más envejecida.

El CEA, conocido popularmente como Hogar del Pensionista, se ha consolidado como un verdadero centro de ocio y formación, con actividsdes formativas, nuevas tecnologías y propuestas culturales y lúdicas que enriquecen y fomentan la relación social. Este espacio necesita una inversión que la administración no puede seguir posponiendo ni dilatando en el tiempo.
Son muchas las peticiones y pocas las respuestas. 

Llegados a este punto, será necesario plantear nuevas formas de reivindicación.

En este nuevo ciclo que comienza en 2026, debemos seguir mejorando lo ya conseguido y reclamar con firmeza las necesidades que vayan surgiendo. 

Solo avanzaremos si caminamos juntos: sociedad civil, responsables políticos y técnicos sociales, que con su profesionalidad dan forma a cada idea que nace desde los actores sociales que integran el grupo motor.


1 comentario:

  1. Me agrada el artículo pues relata hechos claros y comprobables desde la moderación y el ánimo de transformación Jesús Carlos

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