jueves, 9 de abril de 2026

¿ RESPETO ?

 


En esta pasada Nochebuena, como cada año por estas fechas, nuestros recuerdos volvieron a aflorar. Regresan a nuestra mente esos momentos vividos que, como todo lo pasado, solo pueden revivirse fugazmente a través de la memoria. Nostalgias de instantes inolvidables…

Pero no, hoy no voy de nostalgias ni de recuerdos.

Esa bonita tarde-noche, nuestro querido amigo Pablo nos llamó para felicitarnos la Navidad. Y hoy vuelve a mi mente algo que me dijo textualmente:

“¿Ana, qué te pasa que ya no publicas en Facebook tus relatos? ¿Sabes que los echo de menos?”

A lo que le contesté:

“Échame tú un cable, a ver si me inspiras, porque ahora mismo nada me motiva.”

Pero no, tampoco voy hoy de relatos.

Hoy siento cierta rebeldía conmigo misma, por mi actitud hacia Facebook. Un medio en el que me sentía a gusto y del que me he ido alejando poco a poco, casi sin darme cuenta, hasta llegar a apartarme por completo en este último tiempo.

Mi actitud ha sido, simplemente, dejar de participar. Dejar de compartir mis relatos. Y lo que realmente siento es que, al alejarme de ellos, también me he alejado de esas felicitaciones entre amigos, tan agradables y cercanas… de esos comentarios simpáticos y sociables… de ese contacto casi familiar.

¿Y digo casi? No. Rectifico: familiar.

Porque realmente ha sido una familia. Gracias a este medio he recuperado amigos que creía perdidos con el paso de los años, incluso sin saber nada los unos de los otros. He vuelto a conectar con primos al otro lado del Atlántico… como si el tiempo no hubiera pasado.

No solo recuperar amistades, sino también crear otras nuevas. Ese tesoro tan valioso llamado amistad.

Y algo que me encantaba: seguir publicaciones de mentes lúcidas, capaces de enamorar con sus poesías, relatos y reflexiones. También opiniones diversas, que enriquecen.

Entonces… ¿por qué mi alejamiento?

No es fácil explicarlo. Y no lo es porque no quisiera herir la sensibilidad de nadie, aunque eso, en cierto modo, es inevitable.

Siempre he creído que el entorno nos condiciona y afecta a nuestro estado de ánimo. Hay cosas que podemos evitar y otras no. Y aquello que me afecta negativamente, si puedo, lo evito.

No soporto la falta de respeto, bajo ningún concepto, venga de quien venga.

Y llegó un momento en el que me sentí saturada. Leer cómo algunos usuarios no cesaban de menospreciar, humillar, desacreditar e incluso insultar por motivos políticos, religiosos, deportivos o simplemente por pensar diferente… me superó.

Es fácil decir: “no lo leas, pasa de largo”. Pero aunque no lo leas, sabes que está ahí. Percibes ese ambiente cargado, ese estado de tensión constante.

Y sí, es bueno discrepar. Pensar distinto. Hablar. Escuchar. Pero hacerlo desde el respeto.

Porque el respeto construye amistades. La falta de él, las destruye.

Genera opiniones sobre nosotros que quizá no deseamos. Y aunque exteriormente parezca lo contrario, por dentro nos afecta.

Mi educación y mi conciencia no me permiten faltar al respeto a nadie. Pero tampoco me permiten normalizar ver cómo otros lo hacen.

Y no hay mucho más que decir.

Quizá para algunos esto parezca una tontería. O piensen que no vivo la realidad. Pero esa será su realidad, no la mía.

Lo que nos afecta negativamente, según el momento que atravesamos, puede alterar nuestro equilibrio. Y lo que decimos, en caliente, puede salir de forma irrefrenable… y volverse contra nosotros.

Con esto creo haber respondido a quienes me habéis preguntado por mi ausencia.

Y también creo que necesitaba decirlo. Romper ese silencio que se había convertido en un muro. Me siento mejor.

Espero que nadie se sienta ofendido. Soy humana, y como tal cometo errores.

Quizá ahora, liberada de esa carga, vuelva a mis relatos. Aunque, como dije, el entorno influye… y tal como está, no siempre es fácil dar libertad a la pluma.

Ana María Fito Pinos

9/4/2026

Elda (Alicante), España

No hay comentarios:

Publicar un comentario