Hace setenta años, en 1956, muchos de los productos que aparecen en esta cesta de la Comparsa Tercio de Flandes de Petrer no estaban al alcance de la mayoría de las familias.
Un jamón, un queso holandés, embutidos, conservas, bebidas y otros artículos representaban un auténtico lujo. Sin embargo, por tres pesetas, cualquier persona podía participar en una iniciativa que le ofrecía la ilusión de conseguir aquella extraordinaria cesta.
Detrás de aquel sencillo boleto había mucho más que un sorteo. Había imaginación, esfuerzo, colaboración y una forma ingeniosa de conseguir recursos para financiar las actividades de la comparsa.
Nada se conseguía sin esfuerzo. Había que vender papeletas, buscar colaboradores, ofrecer productos y convencer a familiares, amigos y vecinos.
Los calcetines, las loterías, las colgaduras, las rifas son instrumentos de financiación de nuestras comparsas y asociaciones.
Han pasado setenta años. Nuestra sociedad ha progresado, disfrutamos de mayores posibilidades económicas y disponemos de tecnologías que entonces eran inimaginables.
Pero cabe preguntarse: ¿hemos avanzado también en imaginación y capacidad de iniciativa?
Hoy parece que, en demasiadas ocasiones, recurrimos a lo más fácil: organizar tardeos, vender copas y repetir actividades de ocio que poco aportan a la identidad, la cultura y la convivencia de nuestras fiestas.
No se trata de rechazar estas actividades, sino de preguntarnos si somos capaces de ofrecer algo más.
¿Por qué no recuperar aquel espíritu emprendedor adaptándolo a nuestro tiempo?
Podríamos impulsar nuevas fórmulas de financiación:
Cestas de productos de nuestra comarca, con la colaboración del comercio y las empresas locales.
Calcetines, pañuelos, camisetas y artículos exclusivos, diseñados para cada comparsa.
Colgaduras y elementos decorativos que permitan vestir nuestros balcones durante las fiestas.
Campañas de pequeños donativos, mediante códigos QR, para financiar proyectos concretos.
Ediciones limitadas de recuerdos históricos, fotografías, publicaciones y objetos relacionados con nuestras tradiciones.
Apadrinamiento de instrumentos musicales, farolas y elementos del patrimonio festero, con aportaciones voluntarias.
Ferias y mercadillos de productos artesanales, implicando a comerciantes, jóvenes y familias.
Sorteos solidarios y culturales, con las autorizaciones correspondientes, recuperando el atractivo de aquellas antiguas rifas.
La financiación de nuestras fiestas no debería depender principalmente del consumo de bebidas o de las cuotas de los festeros.
También puede surgir del talento, de la colaboración empresarial, de la cultura y de la participación ciudadana.
Hace setenta años, con pocos medios, se conseguían grandes cosas. Hoy, con muchos más recursos, no deberíamos conformarnos con hacer siempre lo mismo.
Aquellos hombres y mujeres no disponían de redes sociales, teléfonos móviles ni medios digitales. Tenían algo que nunca deberíamos perder: iniciativa, imaginación y voluntad de trabajar por su comparsa.
Quizá sea el momento de recuperar ese espíritu.
Porque una fiesta que sabe imaginar nuevas formas de financiarse también demuestra que sabe construir su futuro.
Pablo Carrillos Huertas
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