martes, 23 de septiembre de 2014

NUESTRA OPINIÓN: Taller periodístico Grupo Alberto Navarro Pastor Yo soy de Elda señores…



            Estamos viviendo una época en la que el despotismo, el abuso de poder, la irracionalidad y la prepotencia entre otros adjetivos que no vamos a enumerar, pero que están en la mente de todos, es el pan nuestro de cada día. “Virtudes”  que poseen y practican con el mayor descaro las autoridades tanto estatales como autonómicas, provinciales y municipales contra la ciudadanía, desde hace demasiado tiempo, pero queremos, en esta ocasión, referirnos a un tema más local, más nuestro como es la destrucción de la Plaza de Castelar.


           Buceando un poco en crónicas y recuerdos heredados de  nuestros mayores, con respecto a la historia reciente de esta ciudad  y al reflexionar sobre la actuación de los distintos equipos de gobierno que han pasado por su alcaldía, desde principios de los años 40, en que la depresión económica y la represión política atenazaban a este país y por supuesto a nuestra ciudad, solo hemos encontrado un nombre que brille con luz propia y no es otro que el de D. José Martínez Gonzalez,  el hombre que junto con su equipo, sacó a Elda del Medievo.
           Bajo su mandato se construyeron entre otros, el Mercado Central y la Lonja, dos lavaderos municipales, el alcantarillado, la red de distribución de agua potable, (sustituyendo a las famosas aguas del Canto) una estación depuradora de aguas residuales, pavimentación de las calles, ampliación del matadero municipal, la Biblioteca Pública, el Hospital, escuelas de Ramón Nocedal, terminación de las obras de la iglesia de Santa Ana, ampliación del servicio telefónico, la plaza de toros, la reanudación de las obras de las cooperativas de viviendas de El Progreso y la Fraternidad, el trazado de la Gran Avenida, su gran proyecto que desgraciadamente no pudo ver acabado…y la AMPLIACION de la Plaza de Castelar, ni reforma ni destrucción: AMPLIACION.
          La plaza vio doblada su superficie, adaptando este nuevo espacio a lo ya construido  y que conocemos como la parte de arriba; en el centro se instaló el templete de estilo neoclásico con el bar en los bajos y donde en verano, las noches de los jueves, nuestra Santa Cecilia deleitaba a gran parte de la población Eldense con sus conciertos, al tiempo que se degustaba un granizado de limón, una horchata o un café, servido en las mesitas que rodeaban el templete o simplemente paseando por todo el recinto. Se completaba esta ampliación con una bonita rosaleda y una fuente luminosa, con colores cambiantes que era el orgullo de la ciudad. Se dotó al jardín con farolas de alumbrado, profusión de bancos para descansar y con unos espaciosos aseos. La plaza estaba continuamente vigilada por el guarda que con su sola presencia hacia desistir a delincuentes y vándalos.
         Después hemos tenido otros alcaldes que sin esforzarse demasiado por mejorar la ciudad al menos han colaborado o no han impedido que la iniciativa privada dirigiese, de algún modo el rumbo de la industria del calzado, motor de la economía Eldense. De esta forma, se piensa en una Feria de Calzado que aglutine a todo el sector y centralice las ventas, dando un gran impulso a la ciudad y pasando el nombre de Elda a ser conocido en las más altas esferas del mundo zapatero. La Feria es un éxito y Elda comienza a renacer de sus propias cenizas.
         Al llegar la transición y con ella la Democracia, nos encontramos con un equipo de gobierno con ideas más audaces, de actitudes prepotentes, sin miedo al despilfarro y parapetados por el derecho que les habían otorgado unas elecciones democráticas, se comienza a menospreciar al ciudadano; parece que todo consiste en borrar las huellas de un pasado que no siempre fue malo para la ciudad en sí, sin tener en cuenta, que las consecuencias de esta actitud, podría acarrear el peligro de borrar, al mismo tiempo, la señas de identidad de todo un pueblo. De esta forma y por motivos que no están muy claros se derriba el Mercado Central y la Lonja, en contra de la opinión de los ciudadanos y de los comerciantes que tenían allí su medio de vida y se construye un monstruo arquitectónico, costoso de mantener, cuando en opinión de los entendidos, con un buen arreglo y modernizando sus instalaciones habría sido suficiente y se habrían hecho cargo de los gastos los mismos placeros. Fue inaugurado por el entonces vicepresidente del gobierno. Actualmente y después de varias remodelaciones con el intento de sacarle rendimiento se encuentra en un estado lamentable, medio vacío y sin compensar los gastos que ocasiona.
        Sufrimos así mismo el abandono de la parte antigua de la ciudad, que se ha dejado perder, sin tan siquiera darle una oportunidad, cuando habría sido un lugar idóneo para una zona cultural y de ocio, donde al mismo tiempo, Elda, habría conservado sus raíces, dejando de ser una ciudad sin pasado.
        Tenemos el caso de la Ficia, que después de haber colocado el nombre de Elda en lo más alto, un buen día y con la opinión en contra de toda la ciudadanía sin excepción, con protestas y manifestaciones, se decide trasladar a Elche, con el peregrino argumento de que Elda no tenía suficientes infraestructuras hoteleras, ni zonas de aparcamiento, para el auge que había tomado el certamen.
        Esa habría sido la ocasión de demostrar que un equipo de gobierno sirve para algo más que para cobrar la nómina. Era la ocasión de jugarse el resto construyendo un Palacio ferial en alguno de los terrenos que Elda poseía en las afueras, donde ahora se ubican los polígonos industriales, con amplios aparcamientos, dotando a la ciudad con un par de hoteles ofreciendo al visitante una estancia cómoda y grata y haber puesto a Elda donde le correspondía por derecho propio. En lugar de pensar sensatamente se cargaron a la gallina de los huevos de oro.
        Estamos hartos de mantener en política a individuos, sin educación, sin preparación y lo que es peor sin escrúpulos.
        Hemos perdido por abandono y desidia, la Estación de ferrocarril, recientemente reformada, viéndose reducida a un mínimo la frecuencia del paso de trenes por nuestra ciudad.
    Tenemos la plaza de Toros que parece que caerá por su propio peso dado las condiciones en que se encuentra, cuando podría utilizarse para actos culturales y cine de verano. Como antaño.
    Se ha construido sin ton ni son, un campo de futbol inaugurado antes de estar terminado y que se encuentra en un lamentable estado de deterioro, mucho peor que el que había y costando un montón de euros.
 Está así mismo el flamante sector 9 todavía sin acabar y que cuando quiera estarlo habrá que empezar a restaurar lo ya construido… Pero tenemos, eso sí, un gran número de parques y jardines, sucios, descuidados, sin mantenimiento, calles en un estado pésimo, aceras intransitables, y todo esto según dicen, porque no hay dinero en las arcas municipales a pesar de tener los impuestos más altos de todo el país, pero resulta que sí que hay dinero o al menos eso nos dicen, para asestarle un golpe mortal a nuestra Plaza de Castelar, que a lo largo de su historia ya ha recibido varios varapalos, como por ejemplo la sustitución del templete, que le imprimía a la plaza un aire entrañable de pueblo con personalidad, por un costoso y frío escenario donde últimamente solo se ha contado con la actuación de un señor perdido en la inmensidad de ese esperpento acústico tras un teclado con música enlatada, para el solaz de la mal llamada tercera edad. La rosaleda, sustituida por un suelo de mármol alfombrado con excrementos de paloma. Eliminados la fuente luminosa y la balsa del león con los peces, porque sí. Los aseos condenados y el guarda despedido; también se pretende eliminar el busto del alcalde que engrandeció, no solo el jardín si no también la ciudad. ¿Y a Castelar, cuánto tiempo le queda?
           Con los tiempos de precariedad que estamos atravesando nos pretenden hipotecar de por vida para satisfacer un capricho personal sin sentido, y por lo que conocemos con mano de obra de fuera de Elda, ya sabemos que nos les importa el paro, salvo el suyo propio.
          Si quieren hacer algo por la memoria de este pueblo, dejen la Plaza de Castelar como estaba antes del expolio, pero eso sí, bien limpia. No se gasten el dinero que no tienen en un sin sentido. Déjense de obras faraónicas que no está el horno para bollos. Y no nos roben nuestra identidad y nuestro pasado, que es lo que engrandece a un pueblo. Han derrochado demasiado dinero para conseguirlo. Dinero que ni tienen ni les pertenece. Señores, lo que aquí se necesita es menos prepotencia, más sentido común y una buena brigada de limpieza y mantenimiento para toda la cuidad, y saldría casi regalado.

Elda, 22 de Septiembre del 2014

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